sábado, 9 de junio de 2012

Vengo de nadar en una película que me ha prestado una estudiante de la escuela (gracias pequeñita), he llorado por la historia, he llorado porque está basada en hechos reales, he llorado porque habla de música y de la amistad.

Vengo de sentarme en la oscuridad, vengo de sentir frío en mi cuerpo, vengo de escuchar música en silencio, vengo de la cocina.

Vengo de mis recuerdos, de mis proyecciones, vengo de una semana intensa (parece que todas lo son), vengo de caminos cotidianos, vengo de mi ruta (como diría Giannini), vengo y siempre vengo, no alcanzo a ir cuando ya regreso.

Y es que vengo de pensar y sigo pensando que la música y el otro son necesarios para vivir la vida, vengo de pensar que somos tan humanos que no podemos estar solos, vengo de pensar que al ser a través del sonido no podemos comunicarnos sin escucharnos (con símbolos, letras, imágenes o cualquier código), vengo de pensar que una buena voz no debe apagarse, vengo de pensar que esa voz debe proyectarse, estudiarse, crecer y evolucionar.

Vengo de asumirme como ejecutante de sonidos, vengo de asumir que me gusta jugar a ser profesora, vengo de darme cuenta de que no puedo definir nada y que no se absolutamente nada, vengo de pensar que mañana podré despertar tarde y que pronto lloverá, vengo de darme cuenta de que la semana viene cargada de todo lo que imagino y todo lo que no.

Siempre vengo y pocas veces (nunca o casi nunca) voy.

No hay comentarios:

Publicar un comentario