Transfiguración del ser al arte
Transmutación del arte al ser
Un rinconcito de calor, un espacio que entrega seguridad, certeza de dormir en paz evidenciando un estado de calma tremendo, un espacio que lo recorre todo, que alberga todo, un regalo para hoy y mañana, un momento que no se olvida ni desaparece, una sensación permanente de saber (de creer) que todo estará bien.
La vida no advierte de distancias, simplemente ocurren acompañadas de lo natural, de aquello que no se ve venir, que no se dice, que no se escucha pero que está ahí; y no ocurre por un sentido de agotamiento, daño, o cualquier otro motivo que cargue con significado negativo, ocurre sólo por el hecho de existir, ocurre como esas sorpresas preparadas cuidadosamente que nos dejan sin respiración y con el cuerpo flotando.
Las distancias son, desde lo más humano y complejo de la existencia un recordatorio de que la vida continúa, y que aquello que en algún momento se dibujó como la promesa del futuro es sólo eso: un dibujo sujeto al espacio y modificable por un sinnúmero de variables.