La vida no advierte de distancias, simplemente ocurren acompañadas de lo natural, de aquello que no se ve venir, que no se dice, que no se escucha pero que está ahí; y no ocurre por un sentido de agotamiento, daño, o cualquier otro motivo que cargue con significado negativo, ocurre sólo por el hecho de existir, ocurre como esas sorpresas preparadas cuidadosamente que nos dejan sin respiración y con el cuerpo flotando.
Las distancias son, desde lo más humano y complejo de la existencia un recordatorio de que la vida continúa, y que aquello que en algún momento se dibujó como la promesa del futuro es sólo eso: un dibujo sujeto al espacio y modificable por un sinnúmero de variables.
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