Nuevamente aparece la palabra incompleta ante tu ausencia, la escala a medio terminar del aire, la voz que olvida como gritar.
A veces me pregunto como andará tu vida, imagino tu cabeza sumergida en un libro y los ojos cansados por la lectura, imagino el despertar cotidiano que por ser tal no tiene nada de cotidiano. Imagino nada más, nunca pude adivinar tus ideas, ni miradas ante el día, nunca tuve el permiso de hacerlo (ese cuidado obsesivo por ni dejarse mostrar tal cuán es el alma, casi perdida del sentido de lo humano).
Faltó calor, absolutamente.
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