No es dinero, es el gesto, el acto, el nervio, la espera.
No es la abnegación, es la fe, la esperanza, la utopía.
No es la seriedad, es ver lo que otros no ven, es despertar con sonidos impensados aún, es creer en aquello que aún nadie ha imaginado.
Ergo, el ser, no ser materia sino sentido.
Restaurar, en virtud de movimientos tenues que escapan de la cotidianeidad, confesar, en virtud de palabras arrítmicas para con el otro, en virtud de observar y recordar (o volver a pasar por el corazón) que lo insostenible en algún momento fue sostenido.
El gesto de presencia y reconocimiento antes y después de la palabra no pronunciada, la búsqueda agotada del momento para dar con una solución a una problemática que no existe, que no camina, que no sonríe ni se burla. Por otro lado la indiferencia, el ritmo incómodo y el silencio trastornado ante la presencia que no se nombra.
Ergo, el ser, no la materia, no el sentido, sino la reflexión. El ver, lo que otros no ven.