En su camino se desliza tomando la forma perfecta por excelencia, sin intenciones de nada, sin motivos ocultos, simplemente respondiendo al orden natural, al flujo constante, a la energía y movimiento infinito.
Observa todo lo que rodea en silencio y sin poder detener su camino absorbe todo como si fuera la primera y última vez para ella, las cartas han anunciado el final y cada vez falta menos, y cuando por fin llega a destino con un sonido casi imperceptible forma parte de un todo, su individualidad se ve afectada pues se ha vuelto unidad y me hace comprender (o más bien reafirmar) que el uno es parte del todo y a la inversa el mismo juego.
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