Corresponde pedir perdón por todas esas palabras que (si bien nunca han sido mal intencionadas) arañan el corazón, invitan a las lágrimas a salir, enmudecen la voz, apagan la ternura.
Corresponde agradecer por el abrazo, la risa incontenible, los ojos infinitos, la sonrisa que llena de frescor la tarde, y el corazón más hermoso del que se tenga registro.
Corresponde estar, sentir, pensar, en suma, corresponde vivir.
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