viernes, 29 de enero de 2010


No somos quien para actuar y hablar con otro palabras o gestos que nos confían, más aún cuando la persona ha depositado el corazoncito y ha decidido regalar su vida si se le pide. Algunas cosas no tienen perdón.

Por otro lado debemos ser cuidados (o lo somos de un principio o lo aprendemos a golpes) con los detalles, con la constancia, con la dedicación, con todo aquello que involucre a otro, que involucre lo más verdadero de la vida.

...Esto se está enredando y se están perdiendo las ideas (pero no el sentimiento central), el asunto es que a pesar de las decepciones y el dolor que éstas provocan hay que tener claro que la vida no se acaba, ni deja de brillar por eso.

Calma, mucha calma. Aunque no veas a nadie a tu lado nunca nadie está solo, nunca nadie está en silencio (el silencio absoluto en realidad no existe, pues a veces se escucha incluso la respiración), siempre hay alguien o algo que nos acompaña.

Calma, más calma. Llegaré pronto.

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