Estar
alerta, eso dicen cuando se tiene la impresión de peligro, agudizar los
sentidos en caso de algún problema para optar –intuitivamente- por la solución
más pronta y ciertamente la que menos daño haga.
Estar
a fin de cuentas, siempre estar y el cómo dependerá del cuándo y del qué. Estar
incluso cuando el deseo sea sólo una imagen borrosa y tentativa de las
estrellas, ser aunque las palabras sean monosílabas y su interpretación se
preste a mil posibilidades, actuar aunque el más profundo orgullo diga lo
contrario, caminar con los ojos vendados en busca de un mejor espacio.
Pensar
con el sonido –aunque este no se entienda-, pensar una y otra vez, no tener
miedo –aunque todo alrededor parezca amenazante- a la contemplación.
Modificar
los ideales –si se quiere- pero no los principios, dejar que la naturaleza
actúe conforme a su sabiduría.
Cuando
los acordes amarran el espíritu vuela, las cosas no pueden hacer más que
mejorar en ese estado. Síndrome de Stendahl probablemente.
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