Todo trabajo trae de la mano inversión de tiempo, ideas y disposición. A veces las pausas son necesarias para observar qué sucede y luego tomar una ruta a seguir con mayor claridad (o al menos la idea de ella).
El trabajo acabado supone ver los frutos (sean éstos positivos o negativos, aunque eso también depende de cómo se toman las cosas) de todo aquello cuanto realizamos. Hay calma, hay mucha calma, hay satisfacción y sobre todo desarrollo, evolución y proyección de aquello que se desea.
Un rinconcito de calor, un espacio que entrega seguridad, certeza de dormir en paz evidenciando un estado de calma tremendo, un espacio que lo recorre todo, que alberga todo, un regalo para hoy y mañana, un momento que no se olvida ni desaparece, una sensación permanente de saber (de creer) que todo estará bien.
lunes, 14 de septiembre de 2015
El antídoto
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