Volvió a galopar el caballo místico, sin rumbo, sin espacio, siendo uno con (o como) el viento.
Cantó en silencio, lo vi sonreír con el alma abrazada al mundo. Lo sentí dormir con su cabeza rodeada de estrellas.
Volvió y se fue.
Se fue y volverá, sin fecha, sin motivo aparente. Volverá a reír y lo volveré a escuchar.
Hasta entonces, lo abrazo.
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