domingo, 6 de enero de 2019

Hay una historia de amor en que un hombre espera a una mujer durante 50 años, hay otra en la que luego de muchos años la mujer enferma de Alzheimer y el hombre lee su diario de vida para hacerle recordar la vida que han tenido juntos y así, si dicha mujer recuerda también puede tener momentos de lucidez y eventualmente lograrían reencontrarse y encontrarse como dos enamorados.

El elemento común en estas dos historias (además del amor) es la esperanza, en ambos casos tiene como factor secundario el paso del tiempo y la posibilidad de que aquello que tanto se desea se pueda cumplir... O no (de ahí la esperanza al creer en una respuesta positiva).

Entonces, nuevamente aparecen las características más divinas que podemos experimentar los seres humanos y que nos hacen notar que en nosotros hay algo de Dios, tenemos algo de divinidad.

La esperanza como ya había mencionado ofrece una posibilidad de alegría, de creer que las cosas pueden mejorar, de pensar y bosquejar un futuro soñado lleno de sonrisas, aprendizajes, errores, aciertos, logros, lágrimas, objetivos a corto, mediano y largo plazo, frustraciones, dolores, en suma: la vida.

Pero (y aquí lo interesante) no cualquoer vida, sino la vida que tú apoyado con esperanza has elegido para ti.

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