Los viajes en solitario ofrecen una compañía que rara vez tenemos el valor de aceptar: la nuestra. En esta soledad acompañada se hacen evidentes las ansiedades, los miedos, las angustias y también las alegrías, las emociones, la esperanza y la fe.
Le digo a mi soledad que hay que estar en paz, los pasos que he recorrido y los que recorreré son sólo míos, son sólo nuestros y por ende lo que de ellos se desprenda será propiedad privada.
Hace unos días leí por ahí que "perdonar no es olvidar, es dejar ir el dolor". Hoy perdono y soy perdonada. Hoy soy humana.
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